La restauradora y coordinadora del grupo ciudadano "El caballito Conservación" Lucía Ruanova, nos platica sobre la reglamentación de los espacios públicos y de las consecuencias de este evento.
El rescate de "El Caballito"
El Caballito
El Caballito
martes, 17 de mayo de 2016
Entrevista con Lucía Ruanova sobre la fiesta en la Rotonda de los Hombres Ilustres
La restauradora y coordinadora del grupo ciudadano "El caballito Conservación" Lucía Ruanova, nos platica sobre la reglamentación de los espacios públicos y de las consecuencias de este evento.
Encuentran el molde que uso Tolsá para El Caballito
Las investigadoras Lucía Ruanova y Tely Duarte verificaron la autenticidad de l pieza que perteneció a un coleccionista anónimo; aseguran que el nuevo descubrimiento ayudará a la restauración |
| El punto de partida de la estatua de El Caballito de Tolsá, cuya mala restauración ha causado polémica, fue encontrado. El molde que realizó Manuel Tolsá en 1793 es propiedad de un coleccionista y filántropo anónimo. Ayer se dio a conocer por Lucía Ruanova, quien encabeza el movimiento social para la defensa de la estatua, la autenticidad de la pieza que puede ayudar a la restauración correcta del monumento ecuestre de Carlos IV. La obra llegó a manos de la investigadora Tely Duarte del Museo Nacional de Arte, quién ha pedido la opinión experta de la restauradora Lucía Ruanova Abedrop, quien concluye que “se trata de una pieza original. Es una pequeña escultura perfecta, es el modelo original en bronce del monumento, como suele hacerse para crear la gran escultura”. Al revisarla, especifican, es un trabajo de más de dos siglos de antigüedad. “Tiene la pátina impecable del siglo XVIII; la erosión, la refracción a la luz natural, el color y las manchas propias del bronce al reaccionar al ambiente, así como la textura y suavidad que sólo el tiempo puede dejar como huella en un bronce de más de 200 años”. Además de la calidad, la actitud y la morfología, “unos signos de la fusión de la base me llamaron la atención. Revisada bajo el microscopio, con refracción a las ultravioletas, el uso de mis estudios en paleografía, me percaté de una letras, una M y una T, grabadas al lado contrario de la base. Es la firma”, agregó. La restauradora agrega que hay otro dato que certifica la autenticidad, “tiene el sello de lacre que es la autorización del Virrey De Branciforte es el visto bueno para que se llevara a cabo la escultura. El sello se encuentra muy erosionado y no fue posible reconstruirlo con gráficos, sin embargo comulga con la antigüedad y originalidad de la obra. Otro dato interesante es el tono verde de la brida del caballo, el mismo que lleva la estatua en la corona del Rey. Con esto vamos a conocer la verdadera historia de Tolsá”. De acuerdo con Ruanova, el modelo de la escultura de Carlos IV servirá al grupo que realiza estudios en la pieza original, para imitar la pátina que tuvo la pieza desde 1802, cuando fue inaugurada. Informó también que el Munal lo tendrá en custodia y en exposición, bajo un comodato, aunque la escultura sigue perteneciendo al coleccionista quién compró la maqueta a una familiar del dueño del caballo que fue modelo. |
Lucía Ruanova - Modelo original de ´El Caballito´ ayudará en restauración
La pieza en bronce de 25 centímetros de altura mantiene la pátina impecable de hace 200 años, lo cual facilitará al grupo de especialistas el trabajo de diagnóstico de la escultura
viernes, 6 de mayo de 2016
EL CABALLITO DE TOLSÁ Y SU GALOPE POR LA CIUDAD DE MÉXICO
Te presentamos la historia (y avatares) de esta emblemática escultura, obra de Manuel Tolsá, que -en los últimos meses- ha sido noticia por su desafortunado trabajo de "restauración".
A la muerte del rey Carlos III de España, acaecida el 14 de diciembre de 1788, fue proclamado como su heredero y sucesor Carlos IV.
El Maestro mayor de obras de la Ciudad de México, don Ignacio Costera y el teniente corregidor Don Bernardo Bonabia propusieron al virrey, conde de Revillagigedo, rendir homenaje a los dos monarcas con sendas estatuas ecuestres que se colocarían en ambas esquinas de la Catedral Metropolitana. En ese momento comenzó la historia.
Por falta de fondos solamente la estatua de Carlos IV pudo construirse en madera y se colocó en un pedestal de mármol, rodeado por una verja en la esquina de Seminario y la calle de Arzobispado (hoy Moneda); esta primera talla no fue hecha por Manuel Tolsá sino por Santiago Sandoval, cacique indígena del barrio de Tlatelolco y, como es de esperarse, no duró mucho, pues los elementos acabaron por destruir tan precario material en muy poco tiempo.
Poco después llegó un nuevo virrey (y con él un nuevo proyecto): Miguel de la Grúa Talamanca, marqués de Branciforte, quien realizó una serie de actos corruptos que enfurecieron a Carlos IV y, para congraciarse con él -cosa que logró con creces- le propuso realizarle una estatua ecuestre que estuviera en la Plaza Mayor de México, para sustituir a la anterior. El rey aceptó y el virrey nombró a Manuel Tolsá coordinador de la obra y a don Juan Antonio González Velázquez, director de la Academia de San Carlos, el encargado de realizar los planos de alzado de la planta, balaustrado, rejas y adornos correspondientes.
Corría el año de 1790. Para conseguir los fondos se realizaron varias corridas de toros y así se consiguieron 50 mil pesos, cantidad que sobrepasó con mucho los 18,700 pesos necesarios para cubrir el total del proyecto.
El robo de los piratas ingleses
Sin embargo éste fue sólo el principio de las aventuras de Tolsá, ya que, para tener terminada la obra hubieron de pasar algunos años y miles de peripecias, a saber: cuando el arquitecto iniciaba el modelado de la escultura, se supo que la fragata asturiana que transportaba desde Cádiz 90 quintales de calamina -parte del material necesario para la fundición- había sido capturada por piratas ingleses; después no pudieron reunirse los 600 quintales de metal que hacían falta y se suspendió la obra por un tiempo.
Hubo varias inauguraciones en falso: la primera piedra del monumento (todavía sin caballito) fue colocada por propia mano del virrey el 18 de jullo de 1796, con gran solemnidad y pompa.
En la base del pedestal, que era lo único que había, se puso una caja de plomo, que contenía otra más pequeña de cristal con las Guías del Forastero de Madrid y México; el 9 de diciembre de ese mismo año se develó la estatua provisional hecha de madera y estuco, recubiertas con hoja de oro. La celebración duró tres días y hubo salvas de artillería, repique de campanas, y tres mil monedas de plata y bronce que el virrey, la virreina y el Regente de la Real Audiencia arrojaron por los balcones para contentar al público asistente. Terminada la fiesta, Tolsá continuó con el modelado de la estatua definitiva, teniendo como modelo un caballo percherín poblano llamado "Tambor". El inmenso molde para el vaciado quedó listo para su elaboración en bronce, pero el metal de la fundición aún no estaba completo por lo que Tolsá y su equipo debieron esperar tres años.
Finalmente: el vaciado en el molde
Fue el 2 de agosto de 1802 cuando el molde se recalentó para desalojar la cera y se encendieron los hornos que calentaron los crisoles con 300 quintales de metal cada uno. A las seis de la tarde del día 4, el metal convertido en masa líquida e incandescente fue vaciado en el molde. Después de 5 días la pieza se había enfriado y todo había concluido con éxito. Cuatro días duró el transporte de la enorme escultura de bronce (4.88 m de altura, 1.78 de ancho y 5.40 de largo, es decir ocho veces el tamaño natural y seis toneladas de peso) hasta enfilar la hacia la segunda puerta del Palacio Real. Siete años después de ideado el monumento, el 28 de noviembre de 1803, la pieza fue puesta justo al centro de la Plaza Mayor de la metrópoli. El 9 de diciembre se repitió la fiesta (de más de tres días), recibiendo Tolsá grandes honores. El Caballito, en un principio estuvo, como hemos dicho, en el Zócalo, al triunfo de la Guerra de Independencia, cuando entró a la ciudad el Ejército Trigarante encabezado por Agustín de Iturbide El Caballito estuvo oculto dentro de un enorme globo de madera pintado de azul, incluso hasta después de la coronación.
Guadalupe Victoria, primer presidente de la República, considerando un insulto la existencia de tamaña estatua propuso fundirla, pero Lucas Alamán, que tenía mejor gusto, impidió tal barbaridad. En mayo de 1823 el Ayuntamiento decidió transportar a El Caballito al claustro de la Universidad, situada entonces junto al Mercado del Volador (donde ahora se levanta el edificio de la Suprema Corte de Justicia). Ahí permaneció quince años hasta que Mariano Arista decidió embellecer de nueva cuenta el Paseo de Bucareli, que estaba entonces en remodelación y Carlos IV (y su afamado corcel) fue a parar ahí, a la glorieta de Reforma, en septiembre de 1852. Ni un mes había transcurrido cuando las placas de mármol y los barandales de acero habían desaparecido por obra y gracia de los ladrones.
Desde su glorieta, El Caballito fue testigo de la Decena Trágica, del crecimiento de la ciudad y de numerosas marchas estudiantiles. También soportó la carga de todos aquellos que se subieron a su grupa para ver espectáculos, manifestaciones o simplemente para tener otro ángulo de la capital aprovechando su notable altura.
Fue hasta mayo de 1979 que El Caballito fue llevado a la calle de Tacuba, frente al Palacio de Minería, y dispuesto en el centro de una pequeña plaza que llevaría también el nombre de su autor (y que antecede al fantástico Museo Nacional de Arte). Hasta la fecha, no se ha movido de ahí ¡y eso que ya ha cumplido más de dos siglos de existencia! ¿Qué otros acontecimientos históricos le tocará atestiguar o vivir a esta emblemática escultura de CDMX en un futuro?
Fuente:http://www.mexicodesconocido.com.mx/el-caballito-y-sus-viajes-por-la-ciudad-de-mexico.html
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